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    10.01.2006

    Los Parásitos y La Micro. Capítulo I.


    I.

    Estamos esperando micro. El cielo está rojo, se nota que de tanto llorar ya le sangran los ojos. Anoche llovió mucho y hoy el sol molestó desde temprano. ¡Si el cielo cambia, cómo no hemos de cambiar nosotros! El calor y el brillo no me dejaron tranquilo y ahora, como si nada, de van, escondiéndose entre las nubes y entre las gentes, pintando el cielo de rojo; está anocheciendo… ¡Si el sol se va, cómo no hemos de irnos nosotros! Por eso, y con esta extraña sensación en no sé dónde, estamos esperando micro.
    Aida me pregunta algo que no entiendo y se me ocurre darle un beso, porque está aquí, muy cerca, abrazándome. Se me ocurre pero sólo pongo mi mejilla en su mejilla y murmuro: "estoy cansado". Y es verdad. Luego, un silencio. Aida toma mi mano. Pienso en los árboles y en la idea que tengo de hacerles entender que si no dieran frutos estarían creciendo para siempre. Y entiendo pronto que si me lo preguntaran no sabría decir qué es crecer ni qué significa para siempre. Suelto la mano de Aida porque ya tengo sudor entre los dedos. Veo, casi sin querer, una especie de tristeza en su rostro y murmuro para mí mismo: "debe ser porque no pasa la micro". La verdad es que a mí también me ponen triste estas cosas: el cielo, el suelo después de una noche de lluvia, las flores de los árboles, las manos sudadas, las micros que no pasan cuando uno las necesita, estar lejos de la persona que uno quiere…
    Por fin, pues ya no aguanto el cansancio, me dejo caer en el asiento vacío que deja una señora feliz que se sube a su micro. Por tres segundos cierro los ojos y al abrirlos me doy cuenta de que ya es de noche y que los focos están prendidos. A la vez recuerdo que Aida está aquí, conmigo, y con un gesto intento decirle que me pase la mochila, pero no me entiende y se sienta en mis rodillas y me abraza. Me dice algo, pero una moto que pasa no me deja escucharla. Sólo le respondo con un silencio y le regalo una sonrisa. En fin, no sé dónde poner las manos, así que paso mi brazo por su cintura y, para estar más cómodo, le digo que se apegue más a mi cuerpo, y ella lo hace, acurrucándose contra mi pecho. Tomo su mano y cierro los ojos por algunos segundos. Me doy cuenta de que al estar de pie sentía frío.
    Estamos aquí, abrazados, esperando micro. Me hace reaccionar un movimiento que hace Aida para acomodarse el jumper que se parece al de Sailor Moon. A la vez recuerdo que es Aida la que me está regalando su calor y no la que está en mis pensamientos. Miro los árboles y las flores, que nacen con el único propósito de morir. Aida rápidamente vuelve a tomar mi mano. Cada vez que puede se me acerca y eso a veces me irrita, pero ahora no. O quizá nunca me ha irritado realmente. Por fin, comienzo a pensar en Aida y la miro; está con los ojos cerrados. Pienso en el momento en que la vi salir de la escuela y en cómo me sorprendí al verla así, como está ahora, con su blusa y su corbata, con el pelo amarrado en una trenza, con su vestido de marinera de la luna, con sus calcetitas blancas y sus zapatos perfectamente lustrados. La miro y recuerdo lo que hoy hicimos juntos, y la sensación que tengo de que algo quiere decirme y no la he escuchado. La miro, simplemente la miro. La miro y me doy cuenta de que tiene unas piernas muy lindas, y comprendo cuando en los libros se habla de los muslos firmes. Continúo mirándola y me encuentro con sus brillantes ojos. Pocas veces la miro a los ojos. Pestañeo y en un segundo pienso en muchas cosas, en la película que vimos en el cine, todas las veces que hemos paseado, y se me ocurre invitarla a la playa. No sé qué decirle a esos ojos tan brillantes, así que le pregunto murmurando, acercándome a su oído: "¿cuándo sales de la escuela?". Ahora ella me habla al oído, y dice, no sé si queriendo burlarse: "en dos años más, falta poco". Levemente me irrito, más que por su respuesta por el cosquilleo que siento en la oreja. Se me ocurre darle un beso. Pero sólo se me ocurre y, apoyando mi nariz en su pelo, respiro profundamente y cierro los ojos, mientras me deshago de un montón de ideas y borro de mí los ojos brillantes de Aida. No debo mirarla a los ojos. No debo ser infiel.

    ¤ Por José Manuel | 10:37 p. m. |

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    COMENTARIOS


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    =o ¿Quién es Aida?

    xD

    sigue la historia por fivor *w* me quedé metida =o

    WOOOOOOOOOHHHHHHHHHHHH

    hace tiempo que no me pasaba por aqui =)

    ese fué mi aporte ._.



    chau =)

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